Los noruegos se nos han adelantado. Amundsen ganó la carrera.

Publicado el Martes, enero 17th, 2012 a las 21:56

La desilusión y el desencanto se han abatido sobre nuestros exploradores. Después de tantos esfuerzos y esperanzas cuando faltaban poco más 20 kms descubrieron que los noruegos habían llegado antes. Un triste premio para tantos esfuerzos.

Todo ocurrió de repente, con la velocidad de un rayo.
Sabíamos que los noruegos, al mando de Amundsen, también intentarían alcanzar el Polo. Todos éramos conscientes de que nos hallábamos frente a unos duros competidores que, en una arriesgada decisión, habían instalado la base su base sobre la Gran Barrera de Hielo y por lo tanto estaban 100 kms más cerca del Polo que nosotros. Sabíamos que eran un grupo de expertos esquiadores que habían llegado con un centenar de veloces perros para tirar de los trineos. Y no ignorábamos que nos encontrábamos frente a uno de los mejores exploradores del mundo: Roald Amundsen, el descubridor del mítico Paso del Noroeste.
Lo sabíamos todo, pero pensábamos que llevarían a cabo su asalto al Polo por el mismo lugar que nosotros, el Glaciar Beardmore. Por eso cuando llegamos allí y nos vimos que no había llegado antes que nosotros nos hicimos esperanzas, luego cuando durante casi 800 kms no vimos la menor huella de su paso y nos creímos que íbamos por delante. Pero, desgraciadamente, no era así.
Incluso ayer, después de comer, seguíamos con nuestras ilusiones, hasta que a media tarde la aguda vista de Bowers distinguió algo. Nos acercamos y según lo hacíamos algo comenzó a atenazar nuestros corazones: era una banderola negra sujeta a un patín estropeado de un trineo. Era evidente que habíamos perdido.
Creo que no hace falta describir nuestro estado de ánimo. Mientras nuestros hombres estudiaban las huellas de los perros para tratar de adivinar cuándo habían estado aquí, me acerqué al capitán Scott, parecía ausente –como todos-, no hizo falta que le preguntara nada, sabía que estaba cumpliendo mi misión de periodista, hoy más triste que nunca. “Es una terrible decepción –me dijo mirándome fijamente, aunque su miraba parecía rendir cuentas a toda nuestra nación- Los noruegos se nos han adelantado y han alcanzado el objetivo antes que nosotros”. Cerró los ojos como tratando de buscar más palabras en su interior. Luego volvió a mirarme con una tristeza en su mirada que nunca olvidaré y prosiguió “Pero más que por mi, lo siento por mis leales compañeros.
Poco después seguíamos, había que seguir. Durante un par de camino fuimos como hipnotizados siguiendo las huellas de los noruegos. Luego, al ver que no se dirigían hacia el Polo, continuamos por nuestro camino.
Acampamos sintiendo el frío como nunca lo habíamos sentido hasta ese momento. Estábamos a -30ºC, el viento era muy fuerte y te llegaba a los huesos, pero mis compañeros permanecieron durante horas en el exterior de la tienda haciendo observaciones al Sol para determinar con precisión la posición del Polo Sur. En uno de esos momentos, el capitán me dijo, aunque más me pareció que se lo decía a sí mismo “¡El Polo. Sí, pero en condiciones tan distintas a las que habíamos esperado!, luego continuó con amargura, esta vez mirando a aquella llanura infinita que nos rodeaba: ¡Dios santo! Es un lugar espantoso y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros.
Pero en un instante después su porte cambió, incluso me pareció que su figura se engrandecía antes mis ojos. Hizo una sacudida con la cabeza como si quisiera alejar de su mente algo y volvió a mirarse. Sus ojos volvían a tener vida y él volvía a ser el capitán, el líder, el jefe que, por encima de sus sentimientos, tiene la obligación de guiar a sus hombres. Entonces hasta con una sincera sonrisa en los labios que no puedo explicarme de dónde pudo sacarla me dijo: “Bueno, hemos llegado y el viento, que tanto nos ha hecho sufrir, puede que mañana sea nuestro aliado”
Y dándome un animoso golpe en el brazo se acercó a donde sus hombres seguían con las observaciones. Yo, en aquel momento le hubiera seguido al final del mundo. Que es realmente donde estábamos.
Edward W. Walton para el Strand Magazine, en el Polo Sur, a 90ºS.

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